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viernes, 23 de enero de 2015

Exámenes tóxicos

"No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma."
Jiddu Krishnamurti



Tengo un buen amigo que, después de muchos años sin hacerse una sola prueba ni pasar por manos de los médicos, pensó que era momento de hacerse un chequeo, no le dolía nada, se sentía perfectamente, pero "paraporsi" (como dice mi sobrina).
Pruebas por aquí, por allá, resultados con algún leve incremento o disminución de valores, repetición de pruebas, desconcierto médico, más pruebas...dudas y después: cirugía. Mejor intervenimos, mejor extirpamos, mejor cortamos de raíz, cercenamos, más vale prevenir, no vaya a ser que luego...Ahora a medicarse de por vida!
Resultado: #enfermedadcronica #pastillitadiaria #laindustriasiempregana
Después de mucho análisis, ya tenemos etiqueta, ufff, qué alivio (para el médico, aunque no para el paciente), diagnóstico y ...siguienteeeee.

En 6º de primaria, mi hija y todos sus compañeros viven un curso plagadito de angustia e incertidumbres, se acumulan nada menos que tres pruebas que determinarán su futuro existencial (tal como lo explican los profesores). Dichas pruebas, CDI, KET y PET determinan el transcurso de las clases, el estado de ánimo de los niños y la preocupación de sus maestros. Hay niños que viven todo esto con auténtica ansiedad: lloran, sienten un nudo en el estómago, no quieren ir al cole, se bloquean en los exámenes y se levantan cada día con una sensación de inseguridad y agobio que impide todo proceso natural de aprendizaje. Pruebas, más pruebas, nervios, estrés...
El CDI es una exámen de pura competición entre colegios, a ver cual tiene mejor nivel, cual enseña mejor los contenidos académicos que determina el Ministerio (no se miden valores como la cooperación, el trabajo en equipo o la solidaridad, que también podrían trabajarse en la escuela), en definitiva, un "yo la tengo más grande" (con perdón).
Resultado: #fracasoescolar #NoVales
Después de mucho análisis, ya tenemos a cada niño con su etiqueta, la que determinará en muchos casos cómo se enfrenten a los problemas, a su futuro personal y profesional. Los profesores hacen su trabajo, meter el curriculum académico aunque sea a cuchara. Esto es lo que les piden, mejor dicho, lo que les exige el Ministerio y arreando, siguiente generación de frustrados. Niños y jóvenes a los que les rodea la mediocridad (los más intuitivos lo observan perplejos), la fama fácil y obscena (véase Gran Hermano y basura parecida), el valor del dinero y el poder, el "tanto tienes, tanto vales", la obsesión por las marcas como identidad personal, la zafiedad, la verborrea, la nadería...

Los valores verdaderamente importantes: la perseverancia, el esfuerzo, la colaboración, la curiosidad, la empatía, la solidaridad, la fortaleza. Todo esto que los niños deberían aprender primero en casa y después reforzándose en el cole, ¿dónde quedan esos valores cuando se pone a prueba el rendimiento de los niños en un sólo día, durante un par de horas? La preocupación por el resultado de las pruebas llevaba a los profesores en la reunión trimestral a hablar de dicho trimestre como si fueran entrenadores de galgos para una carrera. Escandaloso.





Todo esto me recuerda al sabio pensamiento de Krishnamurti que encabeza esta entrada y que vuelve a mí constantemente, casi como un mantra. ¿Cómo podríamos estar bien adaptados a esta sociedad competitiva y enfermiza, en la que los valores que priman no tienen nada que ver con la esencia humana? ¿Cómo medir a las personas por parámetros tan alejados del sentido común y del respeto por la especificidad? ¿Cómo sobrellevar esta homogeneización de conocimientos, salud, ética y estética? Hasta la belleza, tan sublime y etérea como es en esencia, pretenden estandarizarla, constreñirla bajo unas medidas, números, parámetros de "perfección".

Al igual que los resultados de una analítica dependen de multitud de factores como la edad del paciente, su constitución, su herencia genética y sus hábitos de vida, en las notas de los exámenes confluyen también muchos elementos que lo determinan: inquietudes del niño, ambiente familiar, grado de atención, predisposición a determinadas asignaturas, etc...¿Acaso todo puede tratarse del mismo modo? Claro que requiere mucho más esfuerzo, dedicación y cariño, pero esto también implica un respeto por lo que hacemos y más aún si estamos tratando con personas. Los parámetros que mide tanto una analítica como un exámen, requieren del discernimiento, del ojo humano, de la vocación profesional por tratar ese dato sabiendo que hay una persona (y sus circunstancias) detrás.
Homogeneizar, igualar personas, desdibujar los contornos personales en pos de una masa uniforme y manipulable (de ahí también el poder del miedo que infunden sin parar) que se limite a consumir y que no reflexione "fuera del tiesto".
Hablando de esta necesidad de pertenencia al grupo para encontrar nuestra identidad, os recomiendo vivamente la lectura de este blog amigo, PALABRERÍAS, cuya última entrada, "Afinidad" me resulta una reflexión acertadísima sobre las burbujas de identidad en las que nos movemos, la homogenización y la radicalización del pensamiento en nuestra sociedad: Palabrerías


El inicio de esta reflexión no va (ni remotamente) de culpabilizar a médicos o profesores, ni a ningún otro profesional que no puede sino seguir unos protocolos impuestos sin cuestionarlos, ellos (todos nosotros) también son víctimas de esta sociedad enfermiza. Es el sistema el que corrompe nuestra existencia, tenemos que pasar nuestros cuerpos, nuestros pensamientos, nuestros aprendizajes y nuestros actos por una estandarización IMPOSIBLE. Ergo nos frustramos, nos enajenamos, nos autodestruimos.
¿De verdad es necesario hacer pasar a alguien SANO por esa tortura física y sobre todo psicológica de someterse a mil y una pruebas hasta dar con algún valor numérico que determine su supuesta enfermedad? ¿Es con esa multitud de exámenes que aportan un valor puramente cuantitativo con lo que se va a determinar el futuro de las generaciones que poblarán este mundo que les estamos dejando en dudosa herencia? ¿Son esas proporciones físicas "perfectas" las que van a guiar nuestras relaciones con los demás?




Yo me niego, me rebelo, cada vez tengo más claro que lo que nos une es precisamente lo que creemos que nos separa, tener diferentes ideologías, estilos, ritmos y especificidades es lo que nos conecta, por mucho que creamos lo contrario. Lo que falta es el respeto, la flexibilidad, la capacidad de ver más allá de lo aparente.

Sé que los más ortodoxos y puristas me dirían...entonces ¿cómo? ¿no hacemos pruebas? Entiendo que es necesario organizarnos socialmente, agruparnos incluso. Sólo pido algo más de respeto, de sentido común, de sensibilidad. Una mirada más profunda y humana, algo que vaya más allá del dato. Los datos no son más que eso, no puede ser que basemos políticas de sanidad y educación en valores numéricos sin más. No puede ser que haya tantísimos niños etiquetados como fracasados desde tan pronto. No es posible dar a tantas personas por perdidas...NO LO ESTÁN. Tienen un valor intrínseco, tienen valor por SER.
Nos deshumanizamos, perdemos la esencia por el tortuoso camino de la burocracia y los protocolos. Nos perdemos a nosotros mismos.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Preguntas incómodas, respuestas necesarias


"Cuando crees que conoces todas las respuestas, llega el Universo y te cambia todas las preguntas..." Jorge Francisco Pinto


Los niños y sus preguntas. A todos nos ha pasado alguna vez, vienen hacia ti y te sueltan la gran pregunta existencial (o rabiosamente carnal) como si tal cosa. A los adultos suelen pillarnos desprevenidos esos "pensamientos colaterales" y nos quedamos con cara de sota hasta que podemos reaccionar.
En su libro "A paso de cangrejo", Umberto Eco dice: "no hemos de enseñar a los jóvenes tan sólo lo que quieren, sino también, justamente, lo que no quieren". E incluso son ellos con sus preguntas los que nos muestran lo que los adultos no queremos ver. Cuando los niños o adolescentes preguntan algo que intuyen que es "incómodo" para nosotros, lo importante realmente no es la pregunta sino cómo reaccionamos y les respondemos. Lo habreis observado: cuando empezamos a darles toda clase de explicaciones, se aburren y se van...ya han sido contestados de algún modo, sobre todo con la actitud.

Como hemos repetido hasta la saciedad aquí, si queremos que nos cuenten sus inquietudes y sus asuntos, nosotros deberíamos ser abiertos con los nuestros para que el canal de comunicación sea abierto y fluido.




Por supuesto, es imprescindible tener en cuenta la edad de los "cuestionadores", es evidente que no podemos contestar lo mismo a un niño de 5 que a otro de 12 años, por lo que, como segunda norma está la de adaptar la respuesta al "auditorio". Tampoco es cuestión de soltarles un rollo filosófico ni existencial pero tampoco podemos volver a la época de la cigueña en determinadas cuestiones. Luego está también su forma de ser, hay niños muy pragmáticos que quieren una respuesta clara y concisa y otros a los que les encanta debatir y profundizar en algunos temas. Nosotros tenemos la capacidad de adaptarlo y hacer de la cuestión que le preocupa una fuente de comunicación en ambas direcciones.
Os preguntareis...¿segunda norma? ¿y la primera? La primera y principal es ofrecer una respuesta, contestar siempre, y eso incluye la aceptación de no saber. Una respuesta perfectamente posible e incluso necesaria a algunas preguntas incómodas es "no lo sé, hay muchas cosas que yo tampoco sé, cariño". Al principio, sobre todo los más pequeños, se quedan perplejos ante la ignorancia de esos "seres supremos que todo lo saben" que son su padres. Pero esa respuesta encierra también la enseñanza de esta abiertos a aprender en todo momento y edad, además de tener la humildad de reconocerlo. No saberlo todo y decirlo abiertamente está bien, nos coloca en actitud de búsqueda e inquietud por saber, nos humaniza, nos baja de la falsa atalaya del sabelotodo.

Enfrentarnos a los temas que nos plantean con la mayor naturalidad posible, es fundamental. Sería bueno que recordemos nuestra propia infancia y veamos la vida a través de la pureza de su mirada, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, explicando sin enjuiciar. En cuanto ellos notan que el tema por el que nos preguntan nos escandaliza o nos angustia, más incidirán en ello por la curiosidad que les produce nuestra reacción.



Quiero ofreceros una serie de "preguntas incómodas" a lo largo de varios post que casi todos los niños suelen hacerse antes o después. Intentaré adaptar posibles respuestas en base a la edad del "preguntador".
Temas:
¿Qué es morir?
¿Qué es el sexo?
¿Qué significa gay (u homosexual)?
¿Por qué os separais?
¿Por qué tengo que estudiar si lo odio?
Si tu bebes/fumas, ¿por qué me lo prohibes a mi?
etc...
Por favor, no dejeis de intervenir, enriquecer e ilustrar el blog con vuestros comentarios, siempre bienvenidos y siempre necesarios para que todos podamos aprender más...


Para ilustrar el tema que nos ocupa, os dejo este temazo sin par que no os dejará indiferentes:
El niño preguntón