Jean Piaget, psicólogo y biólogo (1896-1980)
Bueno, pues aquí estamos de vuelta a la "normalidad", con fuerzas renovadas y muchas ganas de seguir comentando temas que espero os resulten interesantes. Los niños han pasado unos días de descanso y a muchos les cuesta retomar la rutina, volver a madrugar y a los horarios leoninos que se les presentan entre el colegio, las actividades extra-escolares y el tiempo de deberes...¿algún ratillo para jugar con los doscientos mil juguetes que les han traído los Reyes Magos? ¡Otra vez las contradicciones de los adultos salpican el equilibrio de nuestros niños!
El asunto de las actividades extra-escolares suele ser bastante controvertido. El problema de los horarios que, a diferencia del resto de Europa, aquí suelen ser incompatibles para poder conciliar la vida laboral y la familiar, hace que muchos padres se sirvan de dichas actividades para poder ocupar las tardes de sus hijos hasta que ellos están disponibles.
El principal propósito de plantear a los niños actividades fuera del colegio, sería ofrecer un complemento a las materias que se imparten en la educación reglada, normalmente en la áreas musical y deportiva. De esta forma los niños podían "desconectar" una hora de las materias habituales y dedicarle un tiempo a algo que realmente le gusta.
El problema viene cuando las actividades se amontonan y además no son las elegidas por los niños, a lo que hay que añadir el tiempo de deberes. Sobrecargar sus "agendas" favorece la aparición de estrés infantil, cuyos síntomas físicos suelen ser: dolor de cabeza y de estómago, insomnio y falta de apetito. Asociados a estos, surgen también algunos problemas psicológicos como incapacidad de controlar sus emociones (llanto y/o rabia descontroladas), comportamientos agresivos y preocupación excesiva, entre otros.
Las actividades tanto artísticas como deportivas deberían ser una fuente de aprendizaje y socialización sana que aumenta la autoestima y el desarrollo psicológico de los niños, siempre que no se afronte con innecesaria competitividad y resulten placenteras para ellos y su propio autoconocimiento. No hay que olvidar que el motor que hace que lleven a cabo gustosamente dichas actividades, es su motivación personal. Tras las horas obligatorias de colegio, lo ideal sería que fueran ellos los que eligieran, siempre que sea posible y con el asesoramiento de los padres, la actividad que desean realizar.
No olvidemos que las pasiones son contagiosas y si nosotros sabemos comunicarles nuestros sueños y aficiones, podemos conseguir estimularles a aprender y participar con ellos de sus logros en la actividad elegida.
Y no olvidemos el fundamental tiempo de ocio y juego, absolutamente necesario para un desarrollo psicológico saludable en los niños y adolescentes. Fue un carpintero neozelandés, Samuel Parnell (1810-1890) quien reflexionó sobre lo que era calidad de vida y planteó la famosa "regla del 8": necesitamos ocho horas para trabajar, ocho para descansar y ocho de recreo u ocio. Sería muy recomendable que nos aplicáramos esta regla tanto los padres como nuestros hijos, ¡seguro que viviríamos todos más sanos y felices!
Intentemos estimularles sin caer en las actividades "estrésescolares" ;-)
¿Vosotr@s qué opináis? ¿Cómo se enfrentan vuestros hijos e hijas al "mundo extraescolar"? Animaos y contad vuestra experiencia, seguro que nos enriquecerá a todos.
Os dejo una parodia muy divertida de Muchachada Nui sobre el tema que hoy nos ocupa:

