miércoles, 14 de febrero de 2018

En defensa del pensamiento libre

El hombre nace libre, responsable y sin excusas. (Jean Paul Sartre)
Después de muchísimo tiempo sin actualizar el blog, he sentido la necesidad de escribir y compartir reflexiones sobre lo que estamos viviendo desde hace unos años. 
Observo con estupor el estrechamiento mental y social, la generación de burbujas de ideología impenetrables, inquisitorias y rígidas. Cuadratura del círculo.
Veo cómo movimientos legítimos y necesarios en sus orígenes, se radicalizan prohibiendo, censurando y condenando cualquier voz que se salga de la línea trazada.
Y lo peor y más preocupante, me pasma cómo este adoctrinamiento ha llegado a las aulas para quedarse. Unos y otras insertando chips mentales en toda una generación sobre cómo pensar, cómo actuar, cómo vivir, cómo sentir...en definitiva, diciéndoles quienes tienen que SER.
Personas muy jóvenes que ya tienen una opinión completamente formada sobre temas demasiado complejos, una simplificación alentada por los medios y los políticos que todo lo resumen en titulares simplones.
Vivimos tiempos raros en los que la filosofía o las artes se eliminan del ámbito educativo, destrozando también así cualquier atisbo de pensamiento libre y reflexivo, condenando a las nuevas generaciones a meterse en cajones cerrados y oscuros de pensamiento predeterminado y dictaminado por el poder.

Defiendo la libertad para todos, y defiendo la capacidad de pensamiento personal, intransferible e independiente que debería ser una de las principales aportaciones de la verdadera educación. Evidentemente eso no interesa a los lobbys poderosos, los de siempre y los nuevos quieren tomar todas las posiciones y desde luego, la educación constituye un pilar fundamental para conservar el poder.
Algo deberíamos hacer para retomar la ansiada libertad por la que tanto lucharon nuestros mayores y que ahora se ve esquilmada y pisoteada. 
Para empezar, sería recomendable detectar la doctrina y la ideología, defender la argumentación y contraargumentación, cuestionar, preguntar, investigar, indagar...promover la inquietud y la curiosidad. Es laborioso, sin duda, pero ¿hay algo que merezca más la pena?

sábado, 26 de septiembre de 2015

Decidiendo desde el miedo



El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma.

Aldous Huxley



El miedo nos condiciona en este viaje que es la vida mucho más de lo que creemos. Como emoción básica, es necesaria para la supervivencia, pero lo cierto es que, sin saberlo, le damos mucho más protagonismo y funciones de lo necesario. De hecho se convierte en ansiedad (esa energía que no tiene en qué ocuparse) y acabamos por sentir aprensión y angustia cada vez que tenemos que enfrentarnos a una nueva situación, tarea o relación. En definitiva, cuando nos vemos obligados a salir de la famosa "zona de confort", esa en la que todo es familiar y conocido, nos sentimos completamente adaptados aunque sea a situaciones evidentemente negativas para nosotros.
 
Aprendemos por la vía del miedo, desde pequeños escuchamos frases letales como "si no haces esto, me enfadaré", "si no duermes ya, vendrá el coco".
Cuando vamos creciendo, el asunto no mejora y ya la experiencia y la sociedad nos advierte que no podemos equivocarnos, el error es denostado y señalado como falta en vez de como experiencia de aprendizaje. En las relaciones personales también funciona así, mantenemos relaciones tóxicas y dolorosas basadas en la manipulación y sustentadas en el miedo a la soledad, a que no nos quieran, al abandono... miedos aparentemente más superficiales que forman parte del gran y demoledor, el heraldo, el profundo e intenso miedo al vacío, a no SER.
 
 
 
Es importante tener presente que tomamos muchas decisiones en función del miedo y no de lo que anhelamos. Nos empuja el temor a las consecuencias en vez de la búsqueda de lo que realmente queremos.

¿Cómo podemos gestionarlo para que no nos bloquee ni nos inhiba? Debemos discernir entre el miedo que nos impide avanzar y el que nos protege. Aquí interviene también la intuición, esa capacidad que todos tenemos desarrollada en mayor o menor medida y que nos proporciona información para tomar decisiones.
 
Escuchar a la razón es importante pero al final, las decisiones las tomamos con las emociones (la etimología de la palabra emoción, lo explica, la emoción es lo que empuja a la acción). En la intuición confluye todo la información consciente y subconsciente sobre la decisión que tenemos que tomar o la acción que debemos emprender: lo que sabemos, lo que creemos, lo que sentimos y lo que pensamos.
 
La pregunta que cabe hacerse es: ¿va a ser el miedo el que condicione mi vida? ¿el que decida qué experiencias vivo y cuales me perderé? Como punto de partida, tener conciencia de la existencia de esos miedos, poder pronunciarlos, escribirlos, hablar de ellos, expresarlos en fin, es el primer paso para gestionarlos.
 
A menudo se produce un autosabotaje, nuestra autoestima está tan mermada por la angustia y el miedo que acabamos convirtiéndonos en nuestros mayores escollos a la hora de actuar, de atrevernos a SER.
Culpamos a la sociedad, a la pareja, al trabajo, a nuestra educación, a mil y un agentes externos sin hacernos cargo de nuestra situación. Otra vez la ceguera que infunde el miedo a la libertad (somos libres para elegir en todo momento) nos impiden responsabilizarnos y avanzar por donde realmente queremos. No nos atrevemos a mirar de frente a nuestros miedos como tampoco nos atrevemos a aventurarnos hacia nuestros anhelos.
Es necesario prestar atención a las etiquetas que nos ponemos, los juicios que emitimos sobre otros, las creencias inoculadas desde la infancia que ya tenemos incorporadas y llevamos como losas que nos impiden avanzar. Se torna acuciante, cuanta más angustia vital sentimos, retornar a nuestra esencia, descubrir nuestro "yo" más auténtico y reivindicarlo.
 
La reafirmación sin ego, la seguridad en uno mismo, la intuición como guía, la certeza del cambio como única constante, el error como forma de aprendizaje y avance, la incertidumbre como compañera de viaje...estos son algunos de los elementos necesarios para el discernimiento. Apoyarse en ellos y no dar toda la atención y la energía al miedo es una forma de tomar las riendas de la propia vida.
 
Nada de esto garantiza la felicidad pero al menos podremos decidir con plenitud de facultades, sin que sea la ansiedad o el temor lo que nos guíe por el camino de la vida.

viernes, 23 de enero de 2015

Exámenes tóxicos

"No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma."
Jiddu Krishnamurti



Tengo un buen amigo que, después de muchos años sin hacerse una sola prueba ni pasar por manos de los médicos, pensó que era momento de hacerse un chequeo, no le dolía nada, se sentía perfectamente, pero "paraporsi" (como dice mi sobrina).
Pruebas por aquí, por allá, resultados con algún leve incremento o disminución de valores, repetición de pruebas, desconcierto médico, más pruebas...dudas y después: cirugía. Mejor intervenimos, mejor extirpamos, mejor cortamos de raíz, cercenamos, más vale prevenir, no vaya a ser que luego...Ahora a medicarse de por vida!
Resultado: #enfermedadcronica #pastillitadiaria #laindustriasiempregana
Después de mucho análisis, ya tenemos etiqueta, ufff, qué alivio (para el médico, aunque no para el paciente), diagnóstico y ...siguienteeeee.

En 6º de primaria, mi hija y todos sus compañeros viven un curso plagadito de angustia e incertidumbres, se acumulan nada menos que tres pruebas que determinarán su futuro existencial (tal como lo explican los profesores). Dichas pruebas, CDI, KET y PET determinan el transcurso de las clases, el estado de ánimo de los niños y la preocupación de sus maestros. Hay niños que viven todo esto con auténtica ansiedad: lloran, sienten un nudo en el estómago, no quieren ir al cole, se bloquean en los exámenes y se levantan cada día con una sensación de inseguridad y agobio que impide todo proceso natural de aprendizaje. Pruebas, más pruebas, nervios, estrés...
El CDI es una exámen de pura competición entre colegios, a ver cual tiene mejor nivel, cual enseña mejor los contenidos académicos que determina el Ministerio (no se miden valores como la cooperación, el trabajo en equipo o la solidaridad, que también podrían trabajarse en la escuela), en definitiva, un "yo la tengo más grande" (con perdón).
Resultado: #fracasoescolar #NoVales
Después de mucho análisis, ya tenemos a cada niño con su etiqueta, la que determinará en muchos casos cómo se enfrenten a los problemas, a su futuro personal y profesional. Los profesores hacen su trabajo, meter el curriculum académico aunque sea a cuchara. Esto es lo que les piden, mejor dicho, lo que les exige el Ministerio y arreando, siguiente generación de frustrados. Niños y jóvenes a los que les rodea la mediocridad (los más intuitivos lo observan perplejos), la fama fácil y obscena (véase Gran Hermano y basura parecida), el valor del dinero y el poder, el "tanto tienes, tanto vales", la obsesión por las marcas como identidad personal, la zafiedad, la verborrea, la nadería...

Los valores verdaderamente importantes: la perseverancia, el esfuerzo, la colaboración, la curiosidad, la empatía, la solidaridad, la fortaleza. Todo esto que los niños deberían aprender primero en casa y después reforzándose en el cole, ¿dónde quedan esos valores cuando se pone a prueba el rendimiento de los niños en un sólo día, durante un par de horas? La preocupación por el resultado de las pruebas llevaba a los profesores en la reunión trimestral a hablar de dicho trimestre como si fueran entrenadores de galgos para una carrera. Escandaloso.





Todo esto me recuerda al sabio pensamiento de Krishnamurti que encabeza esta entrada y que vuelve a mí constantemente, casi como un mantra. ¿Cómo podríamos estar bien adaptados a esta sociedad competitiva y enfermiza, en la que los valores que priman no tienen nada que ver con la esencia humana? ¿Cómo medir a las personas por parámetros tan alejados del sentido común y del respeto por la especificidad? ¿Cómo sobrellevar esta homogeneización de conocimientos, salud, ética y estética? Hasta la belleza, tan sublime y etérea como es en esencia, pretenden estandarizarla, constreñirla bajo unas medidas, números, parámetros de "perfección".

Al igual que los resultados de una analítica dependen de multitud de factores como la edad del paciente, su constitución, su herencia genética y sus hábitos de vida, en las notas de los exámenes confluyen también muchos elementos que lo determinan: inquietudes del niño, ambiente familiar, grado de atención, predisposición a determinadas asignaturas, etc...¿Acaso todo puede tratarse del mismo modo? Claro que requiere mucho más esfuerzo, dedicación y cariño, pero esto también implica un respeto por lo que hacemos y más aún si estamos tratando con personas. Los parámetros que mide tanto una analítica como un exámen, requieren del discernimiento, del ojo humano, de la vocación profesional por tratar ese dato sabiendo que hay una persona (y sus circunstancias) detrás.
Homogeneizar, igualar personas, desdibujar los contornos personales en pos de una masa uniforme y manipulable (de ahí también el poder del miedo que infunden sin parar) que se limite a consumir y que no reflexione "fuera del tiesto".
Hablando de esta necesidad de pertenencia al grupo para encontrar nuestra identidad, os recomiendo vivamente la lectura de este blog amigo, PALABRERÍAS, cuya última entrada, "Afinidad" me resulta una reflexión acertadísima sobre las burbujas de identidad en las que nos movemos, la homogenización y la radicalización del pensamiento en nuestra sociedad: Palabrerías


El inicio de esta reflexión no va (ni remotamente) de culpabilizar a médicos o profesores, ni a ningún otro profesional que no puede sino seguir unos protocolos impuestos sin cuestionarlos, ellos (todos nosotros) también son víctimas de esta sociedad enfermiza. Es el sistema el que corrompe nuestra existencia, tenemos que pasar nuestros cuerpos, nuestros pensamientos, nuestros aprendizajes y nuestros actos por una estandarización IMPOSIBLE. Ergo nos frustramos, nos enajenamos, nos autodestruimos.
¿De verdad es necesario hacer pasar a alguien SANO por esa tortura física y sobre todo psicológica de someterse a mil y una pruebas hasta dar con algún valor numérico que determine su supuesta enfermedad? ¿Es con esa multitud de exámenes que aportan un valor puramente cuantitativo con lo que se va a determinar el futuro de las generaciones que poblarán este mundo que les estamos dejando en dudosa herencia? ¿Son esas proporciones físicas "perfectas" las que van a guiar nuestras relaciones con los demás?




Yo me niego, me rebelo, cada vez tengo más claro que lo que nos une es precisamente lo que creemos que nos separa, tener diferentes ideologías, estilos, ritmos y especificidades es lo que nos conecta, por mucho que creamos lo contrario. Lo que falta es el respeto, la flexibilidad, la capacidad de ver más allá de lo aparente.

Sé que los más ortodoxos y puristas me dirían...entonces ¿cómo? ¿no hacemos pruebas? Entiendo que es necesario organizarnos socialmente, agruparnos incluso. Sólo pido algo más de respeto, de sentido común, de sensibilidad. Una mirada más profunda y humana, algo que vaya más allá del dato. Los datos no son más que eso, no puede ser que basemos políticas de sanidad y educación en valores numéricos sin más. No puede ser que haya tantísimos niños etiquetados como fracasados desde tan pronto. No es posible dar a tantas personas por perdidas...NO LO ESTÁN. Tienen un valor intrínseco, tienen valor por SER.
Nos deshumanizamos, perdemos la esencia por el tortuoso camino de la burocracia y los protocolos. Nos perdemos a nosotros mismos.

jueves, 20 de marzo de 2014

Respetar nuestras emociones


"No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones."
Jorge Bucay


Hace poco me contaba un amigo muy querido que sentía un bajón de ánimo muy intenso. No está pasando por un buen momento personal ni laboral y se sentía cansado, triste e incluso con cierto malestar físico. Acudió al médico de cabecera que enseguida encontró una etiqueta para explicarle lo que le sucedía. El diagnóstico fue: "principio de depresión".
Este episodio me hizo pensar en lo sencillo que es emitir un juicio, un diagnóstico o una sentencia...y qué posos deja todo eso en el interesado.

Asistimos cada vez con más frecuencia al uso y abuso de medicación por parte de algunos médicos que atajan por la vía fácil y recetan calmantes y antidepresivos por cuestiones que deberían solventarse, en todo caso, con algunas sesiones de terapia o consultas puntuales: duelos, cambios, incertidumbres... ¿por qué cuesta tanto socialmente y personalmente aceptar las emociones llamadas "negativas"? La ira, la tristeza, la frustración, el miedo están ahí porque tienen una función y debemos escucharlas también.







Si os dais cuenta, en cambio, la euforia que es la alegría en extremo, está bien vista socialmente. No hay más que ver el delirio general cuando gana un equipo de fútbol. Incluso se facilitan espacios para que la gente pueda expresar libremente esa emoción extrema.

 Y ¿quién no ha experimentado algo como lo que os voy a relatar ahora?: estás triste porque te despiden, no encuentras trabajo o vives el desamor, te sientes abatido por una pérdida importante y rápidamente (sin duda con la mejor intención) escuchas recomendaciones sobre tomar esta o la otra pastillita que te hace sentir mejor y sobrellevar el día a día.
Con los niños ya he visto casos extremos: "ha muerto mi madre, pero no quiero que los niños me vean llorar ni noten mi tristeza"...pero, ¿no es más raro que se aparente normalidad ante una pérdida tan importante? justamente eso es lo que los niños no entenderían. A veces creemos evitarles sufrimiento y lo que hacemos es dejarles desprotegidos ante el necesario dolor que implica la vida. Porque VIVIR es placer y dolor, alegría y pena, reír y llorar, triunfo y frustración, compañía y soledad, diversión y aburrimiento.
Es necesario experimentar todas estas emociones para saber gestionarlas porque esa es la gran cuestión, RESPETAR NUESTRAS EMOCIONES, CONOCERLAS Y GESTIONARLAS.

Evidentemente ahí está el punto, en que la emoción no se apodere de nosotros, no es tanto controlarlas como entenderlas, aceptarlas y dejarlas ir porque todas, TODAS las emociones nos ayudan a conocernos mejor, a aprender de nosotros mismos y de nuestro entorno y, por tanto, nos ayudan a adaptarnos a lo que la vida nos va deparando.

Como recomendaciones para contribuir a esta aceptación de lo que nos pasa, ayuda mucho el contacto con la Naturaleza, la meditación y la actividad física porque todo ello nos conecta con el momento presente, aleja el "ruido mental" y aporta claridad a mente y espíritu acercándonos al anhelado equilibrio.




Es más, cada vez son más numerosos los profesionales de la salud que encuentran una correlación evidente entre nuestras "luchas internas" (lo que debería SER, cómo debería comportarme, qué expectativas tienen los otros de mí, etc...) y el desarrollo de enfermedades psicosomáticas e incluso de otras más graves. Por lo tanto, escuchemos a nuestro cuerpo, respetemos y aceptemos nuestras emociones y fluyamos con la vida descargándonos del afán constante de control (ilusorio, por otro lado) que normalmente pretendemos ejercer.

Resulta que hoy comienza la primavera y es el Día Internacional de la Felicidad (signifique lo que signifique ese evento, que diría Juanjo Millás). La verdad es que no lo sabía pero como no creo que sea casualidad, os dejo, precisamente hoy, esta reflexión sobre el respeto a nuestras emociones y sentimientos con la pretenciosa esperanza de que pensemos sobre ello y consigamos aprender un poco más de nosotros mismos. Me ayudaría y aprendería mucho conociendo vuestra opinión al respecto. Contestaré encantada a vuestros comentarios.
Y no olvidéis, como digo Freud que: "La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas palabras bondadosas". Y de psicología algo sabía este hombre ;-)
Os dejo el enlace a un vídeo del tema "Happy" de Pharrell Williams que no puede dar más buen rollo para días de bajón y para bailar los días alegres...que lo disfrutéis!!
"Clap along if you feel like happiness is to you": "Aplaude sin parar si sientes que la felicidad es para ti"
Video y letra de Happy (Pharrell Williams)
 

jueves, 24 de octubre de 2013

La buena educación: NO a la Ley Wert

" La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo"
Nelson Mandela



Hay que mojarse, se ha llegado a un punto de indefensión por parte de la sociedad y de abuso por parte del poder, en que ya no caben medias tintas ni posiciones veladas.

La educación DEBE ser libre, accesible y justa...o no será. No es una cuestión ideológica, no puede ser una evangelización, la educación es otra cosa, es el futuro de los que son ahora niños y jóvenes, y con eso no podemos conspirar. ¿Cómo vamos a avanzar en un lugar en el que la solidaridad ya no tiene cabida? Estamos llegando a un punto en el que los programas de televisión están haciendo una labor por la que pagamos todos los españoles con nuestros impuestos a la Administración Pública, que ya ni administra nada ni mucho menos es pública. Decía Eduardo Galeano que "la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo". No queremos caridad, a nadie le gusta que le traten como a alguien inferior. Lo que buscamos, por lo que luchamos es por una sociedad más equitativa y justa, por una educación que fomente el pensamiento libre y creativo. No queremos niños y jóvenes adoctrinados, uniformados y esclavizados. No queremos cometer los mismos errores que en el pasado fomentaron odios, rencores e incluso guerras entre hermanos.

Los niños y los jóvenes tienen grandes valores que pueden aportar a la sociedad si somos capaces de poner atención y escucharlos. Son seres puros, inocentes, valientes, creativos...muchos de estos talentos son cercenados en los colegios porque aparecen pensamientos divergentes a los que la "línea educativa" del centro persigue.

Desde luego, sigo firme en la convicción de que los verdaderos valores se enseñan desde la familia, el núcleo en el que el niño crece, sea el que sea, es en el que verdaderamente se empapa de lo necesario para afrontar su vida. Y la familia no es sólo el concepto tradicional que suele pensarse como lo ideal: papá, mamá y hermanos. NO. Hay familias homosexuales, monoparentales, adoptivas, "reconstituidas" (las que se forman con hijos que cada miembro aporta de relaciones anteriores) y todas ellas pueden ser (y de hecho, son), enormemente enriquecedoras, que aportan puntos de vista innovadores, estimulantes, distintos. Sabiendo que la base de la educación está en casa y que es desde ahí desde donde podemos y tenemos que trabajar, lo que la sociedad necesita es tener escuelas y universidades donde poder fortificar esos valores que se han sembrado en el calor del hogar. Hay casos terribles en que las únicas personas que verdaderamente prestan atención a algunos niños son sus maestros, los que los ven a diario y son sensibles a sus cambios y problemas. ¿Cómo vamos a recortar en algo tan fundamental como el núcleo duro de las personas?

Los colegios DEBEN ser lugares en los que germine y crezca la semilla creada desde la familia, donde no se limiten a aprender materias como loros, sino que experimenten emociones, sensaciones y sentimientos que les hagan crecer y ser mejores. Donde vivan en sociedad, entiendan la solidaridad, el trabajo en equipo, la cooperación. Donde, en definitiva se humanizen, y no al contrario por ese afán de sacar una determinada nota y ser mejor (¿¿mejor??) que nadie.

Los profesores se sienten abandonados en muchas ocasiones. Parece que ni instituciones ni padres entiendan bien lo ESENCIAL que es su trabajo, a veces se les trata con cierto desprecio y conmiseración. En Japón, los únicos que no hacen reverencias al Emperador son los maestros, porque según los japoneses, en una tierra sin maestros, no puede haber emperadores...da qué pensar, ¿verdad?

Queremos una sociedad respetuosa, cuyos miembros sean libres, autónomos y colaboren entre sí en vez de competir. ¿O no se trataba de construir un mundo mejor y más justo? Los niños y los jóvenes tienen las capacidades, de un modo natural construyen un pensamiento libre, sin prejuicios, creativo, valeroso. Estas leyes educativas sólo coartan esa libertad, pretenden enseñarles el bien y el mal desde un punto ideológico en vez de dar alas a su propio discernimiento, no argumenta, sólo evangeliza, no construye pensamiento crítico, sólo pretende fabricar afiliados y militantes.

Pues bien, es hora de decir NO. No a la Ley Wert, a sus abusos, a sus adoctrinamientos, a sus desigualdades. Hoy hacemos huelga por una escuela libre, igualitaria y justa. 

Os dejo un vídeo muy ilustrativo que explica de un modo muy claro los motivos por los que luchamos:



miércoles, 28 de agosto de 2013

¿Tú también tienes Síndrome postvacacional?


"Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas."
Elbert Hubbard



Empezaré por decir que lo que vais a leer en este post puede que os choque un poco, y desde luego para algunos de mis colegas sería una auténtica herejía pero ahí va.
No creo en el "Síndrome postvacacional" como no creo en el "Trastorno por déficit de atención con hiperactividad". Dicho así, ya imagino algunas reacciones. Matizaré...

Los psicólogos (no todo, afortunadamente) tienen la obsesión/manía de poner nombre a todas y cada una de las reacciones humanas, sean normales o enfermizas. Supongo que es un modo de poder controlarlas y de paso, hacer algo de caja "patologizando" conductas. Al igual que un peluquero/a te va a cortar siempre mucho más de lo necesario, el psicólogo pondrá nombre y apellidos a tus reacciones, a veces acertadamente y otras dependiendo de las modas, que en psicología también existen.



El archifamoso "Síndrome postvacacional" (del que hablan ya por sistema todos los telediarios a finales de agosto como se habla de los estragos de la lluvia en las procesiones de Semana Santa), viene a ser lo que toda la vida denominábamos "Cachislamarquepocasganasdevolveralcurroconlobienqueseestadevacaciones", es decir, pereza.
Dicen las estadísticas (malditas estadísticas) que el 50% de los españoles sufren "Síndrome postvacacional". Teniendo en cuenta las cifras de paro, entiendo que se trata de población activa. No son tantos, pero, después de estar 15 o 20 días sin apenas mirar el reloj para nada, relajadamente, tumbados durante horas en la playa o ajenos al ajetreo diario en la montaña...¿quien quiere volver al mundanal ruido?
Claro que hay grados, y eso no es ninguna broma, cuando la ansiedad se agudiza hasta incapacitar para comer bien o dormir a pierna suelta, cuando los pensamientos negativos acucian y son recurrentes, indudablemente hay un problema de fondo que se debe acometer. Pero hay mucha gente que utiliza alegremente (expresión mal traída en este caso), síndromes y trastornos como la depresión, que es algo realmente serio.


Por lo tanto, querid@s tod@s, quizá tal y como están las cosas, los que tenemos trabajo deberíamos sentir el "subidón postavacacional", adaptarnos paulatinamente a los nuevos horarios, mostrarnos contentos ante nuestros pequeños observadores porque emprendemos un nuevo curso juntos, decirles lo fascinante que es el reto de aprender nuevas cosas, estrenar libros nuevos, quizá nuevos amigos...esto es clave, como siempre. Si nuestros hijos nos ven jurar en arameo por la vuelta al trabajo, que aflora el mal humor ante las perspectivas laborales y una continua queja en nuestras bocas, ¿cómo pensáis que reaccionarán ellos ante su inminente vuelta al cole?


Y si de verdad sentís esa angustia vital o la intuis en vuestros hijos, indagad, averiguad más, quizá se deba a que algo o alguien les hace sentir mal, si conseguís que os hable de ello, le ayudaréis a liberarse y además se podrán poner soluciones a lo que le preocupa. Entonces sí, acudid al psicólogo...solemos dar con algunas respuestas! ;-)

Recomendaciones generales: 
1.- Afrontar la vuelta a la rutina como algo necesario para valorar los momentos de relax. Sin trabajo no hay vacaciones. Sin dolor no se valora el placer.

2.- Hacer deporte para aumentar las endorfinas y de paso bajar esos kilillos que todos subimos tras la vida relajada y sedentaria del verano.

3.- No forzar la máquina los primeros días ni agobiarse por todo lo que se ha acumulado, queda tiempo por delante. Poco a poco iremos sacando el trabajo adelante.

4.- Ayudarse con alguna pequeña "autogratificación" por haber superado con éxito el bachecillo que supone la vuelta a la rutina.

5.- Mirar e interiorizar los sabios consejos de este vídeo tan positivo y alegre, dejadlo cerca para los momentos de bajón y revisadlo de vez en cuando: 


P.D: Sobre el asunto del TDAH os hablaré en otro post, no me olvido.
Espero vuestros enriquecedores comentarios, ya sabéis que son siempre bienvenidos.

domingo, 2 de junio de 2013

Efecto Bandwagon: el gregarismo adolescente




"La juventud, aun cuando nadie la combata, halla en sí misma su propio enemigo."
William Shakespeare


He comentado aquí algunas veces, lo interesante que me resulta la etapa adolescente desde el punto de vista psicológico. Una fase llena de cambios físicos evidentes acompañados de una montaña rusa emocional, plagados de contradicciones y de rebeldías. Se acerca el momento en que me enfrente a esa etapa como madre y aunque me parece un reto fascinante, también me inquieta el enorme poder que el grupo tiene en los adolescentes.

Hace poco leí una noticia que me impactó mucho, hablaba de la nueva moda de utilizar tampones empapados en vodka que se había impuesto entre grupos de adolescentes y que, por supuesto había llevado a algunas de ellas a situaciones de alto riesgo para su salud. Esto me hizo reflexionar sobre el "efecto bandwagon" o lo que es lo mismo, "subirse al carro" que tan bien funciona entre los adolescentes, en moda e incluso en política. Dicho efecto se basa en que cuanta más gente haya adoptado una conducta, más probabilidades hay de que otros muchos se dejen llevar por ella sin importar consecuencias ni valorar peligros o méritos del hecho en particular.




Es importante entender, que en la adolescencia nos enfrentamos a una necesidad urgente de responder a una nueva realidad física y social. Como físicamente ya no son ni se sienten niños, empiezan por probar nuevas conductas (así aprendemos todo, por ensayo y error). Saben que tienen que adaptarse a esa nueva anatomía y también se genera en ellos un poco de nostalgia por lo que dejan atrás, su contradicción básica es que exigen ser tratados como adultos (se sienten así) pero se siguen portando como niños (en parte lo siguen siendo), generando en ellos mismo y en todo su entorno una confusión extrema basada en la lucha de unos por controlar y tratar de entender (los padres) y la defensa de otros de su libertad, su capacidad de expresión y su autocomprensión (los hijos).

En todo este maremágnum de emociones y sentimientos encontrados, los adolescentes encuentran un remanso de paz entre sus iguales. Es con su grupo y alejándose del núcleo familiar del que ya creen conocer todo, donde buscan su propia identidad. Hasta ahora, la imagen que tenían de sí mismos era la que les proyectaban sus adultos más cercanos: padres, familiares y profesores. En la adolescencia, lo que más les importa es lo que sus amigos piensen de ellos, sentirse plenamente integrados en su grupo. Hasta tal punto es importante, que su autoestima está sujeta a esa aceptación, de ahí el gregarismo imperante en esta etapa de la vida.
Como afirmó Françoise Dolto, "para los adolescentes, el colectivo es un refugio y un sustituto de la confianza en uno mismo". Buscan la salida del grupo familiar, nuevos valores e ideales diferentes a los de sus padres. También es en su grupo donde viven las primeras experiencias amorosas y se van abriendo a una nueva vida social.




Todo este proceso se vive por parte de los padres como algo extraño e incomprensible, sienten alejarse al niño y no terminan de reconocer al adulto que se cierne. Esa lejanía es dolorosamente necesaria, forma parte del crecimiento y de la búsqueda de sí mismos. Y ya que es inevitable, los padres podemos mejorar nuestra actitud al respecto.

Breves sugerencias para sobrellevarlo
  • Como siempre comentamos, una primera base es la comunicación, si siempre fue fluida, al menos no se cerrarán en banda y habrá muchos asuntos que puedan hablarse aunque también tendremos que aceptar que como padres, no sabremos todo, ni controlaremos todo ni nos contarán todo.
  • Aunque parezca una obviedad, ahora más que nunca debemos mostrarles nuestro amor. El amor entendido como sentimiento de aceptación buscando siempre su bien. Ellos perciben esa incondicionalidad  y aunque haya un periodo de "separación" con sus padres, esa base amorosa es siempre el hogar al que regresarán.
  • También es importante que no juzguemos en exceso, sus parámetros están ahora en plena evolución y en ocasiones tienen que encontrar sus propios caminos. Rememoremos nuestra adolescencia, eso ayudará a comprender...
  • Es importante también que haya una confianza mutua, que infundamos en ellos algo de optimismo y alegría, y en estos tiempos hostiles más aun. Si andamos constantemente dudando de ellos, acabarán ocultándonos cosas importantes. Aunque nos defrauden en algunas ocasiones, tenemos que seguir mostrándoles nuestro apoyo, que sientan que apostamos por ellos. Sólo equivocándonos encontramos nuestras soluciones.
  • La confianza que ellos tengan en nosotros depende en gran medida de nuestra consistencia a la hora de poner en práctica las normas establecidas y las consecuencias de no cumplirlas. Si ellos nos ven dudar o desfallecer, perderán la confianza en nosotros. La inseguridad en los padres les crea una angustia tremenda. Si nos encuentran impredecibles y débiles...¿cómo van a confiar? Cumplamos lo que decimos.
Desde luego nada de esto es infalible, pero con la ayuda de estas pequeñas pautas y la conciencia de que esta fase gregarista dará paso a otra más madura, nos ayudará a gestionarlo más sabiamente. Para comprender mejor esta etapa, estaría bien no dejar escapar el niño inquieto y juguetón que una vez fuimos, y recordar que "yo también tuve 20 años y un corazón vagabundo".

Os dejo un video en el que se plasma la máxima contradicción adolescente, quieren ser ellos mismos, únicos e irrepetibles pero "subiéndose al carro" de todas las modas y corrientes propias de sus iguales...esquizoide, no? Efecto Badwagon

También os parecerá seguramente muy interesante este experimento que quiero compartir sobre conformidad grupal para que veais lo potente que es la influencia del grupo ( no sólo en los adolescentes).



martes, 9 de abril de 2013

La Tribu necesaria


"Tu tribu sabrá ver en tus fallos, la semilla de tus éxitos"
Sir Ken Robinson


Parece evidente la necesidad de que así sea...pero qué difícil nos resulta a veces valorarnos, sentir que somos capaces. Normalmente tiene que venir algún “ángel” cercano en forma de madre, amigo, hermana o compañero que nos recuerda que somos especiales, intrínsecamente buenos, que podemos, que valemos, que simplemente SOMOS. Y lo que somos es importante, muy importante. Nos permite hacer muchas cosas, nos da un lugar en el mundo, nos muestra nuestro papel en la vida.

Cuando alguien te dice “creo en ti”, te da alas, saca de ti lo mejor que tienes, lo que no podemos ver porque estamos inmersos en lo negativo, en la oscuridad de nuestros problemas. Cuando alguien te entrega su confianza plena, te lo está dando todo. Te devuelve las riendas de tu propia vida. Cuando no hay cortapisas ni dudas, sólo cariño y convicción en esas palabras de quien te quiere y desea que evoluciones, lo des todo, mejores…sólo queda confiar y echar a volar. 


Y es que, para evolucionar es importante “saber rodearse”. Mi admirado Ken Robinson, todo un referente en el ámbito de la educación, habla de la necesidad de una “tribu” para desarrollar los talentos. Esa persona o grupo con los que sientes que eres capaz de todo, que te anima, que te apoya cuando desfalleces, que no sólo no pone palos en las ruedas sino que te allana el camino. Personas cercanas a las que te une una sintonía inusual, casi milagrosa, que saben cómo te sientes con sólo una mirada…es en ese entorno confiable, en el que se desarrolla todo nuestro talento y nuestro potencial al máximo. 


Pero ¡cuidado!, tenemos la tendencia de dejarnos influir demasiado por las opiniones de otros, de TODOS. Y es evidente que todas las personas que nos rodean no pueden tener el mismo “peso”, tenemos que saber seleccionar. ¿Quién no ha tenido compañeros envidiosos o trepas dispuestos a cualquier cosa por hacerse notar? ¿Quién no se ha sentido poco valorado (o nada) en su propia familia cuando quería emprender algo que se salía de lo corriente? Esas personas que nos prejuzgan o nos coartan no deberían ejercer ninguna influencia sobre nosotros y si lo hacen es porque les dejamos, les damos el poder de hacernos daño. 



Todo este asunto es todavía más peliagudo hablando de niños porque comentarios de los padres, los abuelos o los profesores, incluso con la mejor intención del mundo, puede hacer que se sientan heridos y lo que es peor, que no vuelvan a intentar nada creativo y novedoso porque en su entorno, su tribu le ha dicho que “se deje de tonterías”. Pienso que es importante dejarles experimentar, probar, EQUIVOCARSE y caer…¿de qué otro modo podrán aprender y encontrar su camino? En el colegio de mis hijos había una profesora de lengua y mates que decía abiertamente en clase, que aprender música era una estupidez, que no servía para nada y que además no se gana dinero…¿¿cómo puede darse un mensaje de ese tipo a los niños desde la escuela?? Afortunadamente, los profesores con esa mentalidad son aplastante minoría (o eso prefiero pensar).


Desde el colegio y desde casa, es muy importante que ayudemos a nuestros niños a sentir que están en su tribu, afianzaremos su autoestima y conseguirán indagar sin trabas hasta encontrar lo que hacen bien y además, les hace felices…¿se puede pedir más?











jueves, 14 de febrero de 2013

El camino de la intuición

"La única cosa realmente valiosa es la intuición."
Albert Einstein


Etimológicamente, la palabra "intuición proviene del latín “intueri”, que significa mirar hacia dentro, contemplar. Según los filósofos, la intuición es una fuente de conocimiento. Todos la hemos sentido alguna vez, aunque no se puede anticipar ni prever. Simplemente ocurre sin explicación aparente. Podemos aceptarla y darle uso o alejarnos de ella, pero sobre determinados asuntos (muy importantes siempre), finalmente nos ayudan a tomar decisiones si sabemos "escucharla".
La intuición está íntimamente relacionada con las emociones, se trata de mundo interior en el que sentimos malestares, entusiasmos, antipatías, simpatías o premoniciones que parecen querer decirnos algo.
¿Por qué si es consustancial al ser humano (y por supuesto a los animales), nos empeñamos en racionalizar casi todo y apartarnos de esa maravillosa herramienta que es la intuición? Especialmente en educación, es fundamental ser intuitivo. Los educadores realizan un cometido en el que la intuición juega un papel clave, se convierte en algo transformador y renovador. El educador atento es sensible a muchas emociones que no se expresan, las intuye, es capaz de comprender sin saber. Sin la intuición no es posible enfrentar los desafíos de la educación, del proceso misterioso por el cual se forma la personalidad.

Proporcionar alimento, cobijo, seguridad y cariño son las bases de una crianza sana. Pero eso no es suficiente para muchas madres que se sienten inseguras, consultan tablas de percentiles casi compulsivamente, no saben si al amamantar su bebé ha tomado suficiente leche, si les duermen de la forma adecuada...por no hablar de las dudas existenciales que nos provocan los adolescentes con sus infinitas argumentaciones a las que no sabemos a veces qué contestar. Si estamos atentos, conscientes, con una dosis de calma siempre necesaria SABREMOS qué hacer. Y me refiero a esa forma de "saber" que no has leido ni aprendido en ninguna parte, como una reacción ante algo inesperado que te hace actuar y cuando reflexionas no sabes cómo has podido hacerlo.
Persiste actualmente un empeño constante en influir a los padres al albor de diferentes modas. Como pasa con la alimentación, lo que hace unos años era fatal en la dieta, ahora resulta ser fantástico (véase el ejemplo del pescado azul); en educación también hay modas: el método Estivill (tan denostado como mal interpretado), el colecho, la crianza con apego seguro, y miles de teorías más que pretenden demostrar que su modo es el mejor.
Personalmente defiendo todas y ninguna. Me explico. No creo que haya un método infalible ni una fórmula mágica. Cada niño es un mundo, cada padre y madre también. Cada uno trae su mochila de experiencias, positivas y negativas, sus taras, sus manías, sus virtudes...tendemos a proyectarlas sobre nuestros hijos buscando técnicas educativas correctas, como si eso existiese, olvidándonos por completo de la sabia intuición.
Una madre me decía hace poco que las dudas le aturden, que nunca sabe si lo está haciendo bien. Yo creo que si se actúa con la única certeza del Amor por nuestros hijos, pensando que las decisiones que tomamos respecto a ellos son por su bien, acertaremos siempre.
Dejemos que la intuición nos guíe, que nos ayude a educar con más corazón y menos "método" porque como dijo Pascal, "el corazón tiene razones que la razón no conoce".
Os dejo el link de un artículo muy interesante publicado en El País sobre la intuición, espero que os guste!!

martes, 22 de enero de 2013

Azar, suerte y otros factores

"La suerte favorece sólo a la mente preparada."Isaac Asimov



Últimamente tengo la sensación de que se han acumulado noticias con un factor común, que me han llevado a esta reflexión que hoy os propongo.
La expectación mediática y política ante la decisión de Adelson referente al lugar que elegiría para "bendecirnos" con su (no tan magnífica, finalmente) inversión. El hecho de que la Sra. Aguirre se dejara la piel apoyando e incentivando este proyecto mientras se sigue recortando en personal y servicios en los pilares más básicos para nuestra sociedad, como son la educación y la salud. La convicción con la que se dirigieron a los ciudadanos para explicarnos el grandísimo filón que va a resultar tener un megacasino en nuestra ciudad.
Recientemente, la Lotería de Navidad que nadie puede perderse porque practicamente cae en herejía popular. Poco después, la del Niño porque bueh, total ya...alo mejor ahora tenemos más suerte, vamos a probar (y a dejarnos ahí bastante dinero).
Las Quinielas, el Euromillón, el "Cuponcito", la "Primitiva"...mira, este último nombre sí que se ajusta bastante a la sociedad obsesionada con que el azar, los astros o "loquesea" externo a nosotros, va a sacarnos de los apuros.
¿Por qué creemos, en general, que un golpe de suerte va a sacarnos del hoyo en vez de actuar y emprender un nuevo camino? ¿Por qué esta forma de pensar tan traicionera como tradicional que nos hace confiar más y dejarnos el dinero en "Loterías y Apuestas del Estado" en vez de en un curso de formación que pueda mejorar nuestra situación REALMENTE?
Quizá tenemos que evolucionar como país, perder miedos, alejar complejos y sentir que podemos hacer cosas por nosotros mismos. Lo que me asusta es comprobar cómo los que nos gobiernan actualmente ( y también los anteriores), actúan también siguiendo criterios de otros, poniendo excusas sobre lo que pasa fuera, no responsabilizándose de NADA. Si eso es lo que vemos en los que tienen el destino de nuestro pais en sus manos, ¿cómo vamos a confiar en nuestras posibilidades?
¿Cómo es posible que en los Centros Culturales, pagados con la contribución de todos los ciudadanos se ofrezcan clases de "Croupier" o "Pole Dance" (baile con barra vertical) y que éstas tengan más demanda que cursos de informática o escuelas para emprendedores? Seguramente han pensado que son posibles puestos de trabajo para Eurovegas. No sé si esto ocurriría en paises como Francia o Alemania pero tengo la sensación de aquí tenemos las prioridades cambiadas. Es como si hubiéramos asumido que España será un gigantesco parque temático para el ocio europeo, como si hubiéramos tirado la toalla para ofrecer nuevas alternativas.
¿Cómo es que siendo uno de los paises punteros en el desarrollo de energías alternativas (gracias sin duda al envidiable clima del que gozamos, con más días al año de sol y centrales eólicas), no se empiece a formar a gente en este campo, por ejemplo para poder trabajar?
Me surgen muchas preguntas, como veis, quizá me falta información pero a primera vista no entiendo esta actitud de autoincapacitación. Es dañina y nos autodestruye como país.





Creo que parte de la respuesta está en que tiene que operarse un verdadero CAMBIO interior para que dejemos de lanzar balones fuera, para que dejen de ser factores externos los que condicionen nuestra vida. Claro que la suerte ayuda, estar en el momento adecuado en el lugar preciso...pero para llegar a ese punto, hay que entrenar la atención, es clave estar atentos e interpretar las señales que por ejemplo nos da inequívocamente nuestra sabia intuición.

En estos tiempos, tenemos que aprender que no podemos dar nada por sentado, ni en las relaciones ni con nuestra vida profesional...con NADA. El otro día leí una frase que me encantó y creo que tiene que ver con esto: "A menudo encontramos nuestro destino en los caminos que tomamos para evitarlo".
La vida nos va poniendo a prueba, nos muestra caminos que a veces nos empecinamos en obviar, preferimos permanecer en la "zona de confort" aunque sepamos en el fondo de nuestro corazón que no nos está ayudando a crecer y mejorar, que nos está estancando hasta que empieza a atufar a podrido.
Deberíamos ser más valientes porque estoy convencida de que todo lo que ocurre tiene un motivo, y si abrimos nuestra mente, acabaremos por entender cual es el aprendizaje que debemos llevarnos de cada vivencia, sobre todo de las desagradables que es de las que más se aprende.



Hay que distinguir entre suerte y azar. El azar es algo fortuito, meramente casual (como la Lotería). La suerte en cambio tiene un matiz, una búsqueda, se persigue, se la atrae.
Necesitamos suerte en la vida, cómo no...pero no dejemos nuestro destino en manos de un sólo factor: la perseverancia, la confianza, el valor, la constancia; son valores que sin duda nos pueden acompañar para emprender cualquier acción y desde luego son más duraderos que la efímera ilusión de un billete de lotería, un cupón o unos dados.


El vídeo que os dejo hoy, me ha dejado impresionada y con la clarísima sensación de que uno tiene su día escrito. Vais a ver muchos casos en los que, afortunadamente no les "tocaba" aunque evidentemente tenían casi todas las papeletas...
¡Que lo disfrutéis y...BUENA SUERTE!! ;-)
SUERTUDOS

lunes, 7 de enero de 2013

Regalar con amor y sin fecha


La manera de dar vale más que lo que se da.
Pierre Corneille


¡¡Por fin terminó la Navidad!! Entendedme, no es que sea la típica intelectualoide petarda con complejo de Mr. Scrooge en "Cuento de Navidad", pero si no fuera por el entusiasmo contagioso (por no decir "pegajoso") de los pequeñuelos, estas fechas no tendrían ningún sentido para mí.

Observo gente enloquecida cargada de bolsas y estresadísima preparando cenas, comidas y desayunos. Quejándose constantemente de lo caro que es todo pero con la compulsión enfermiza de la compra constante. Parece que hay que comer mucho, beber mucho, comprar mucho...¿y compartir?
 
Parece que en el fondo se ha olvidado la esencia de estas fiestas, pasar tiempo en familia, compartir experiencias e ilusión. Cuando profundizo en conversaciones con personas de confianza, todos llegamos a la misma conclusión, parece que se come sin ganas, se comparte sin alegría y se regala sin cariño. Puro compromiso, pura tradición.
 
Por no hablar de la confianza casi patológica en el azar (que no la suerte)...esas colas que muchísimas personas han esperado durante horas para conseguir un número de lotería en una Administración determinada, y cuando no toca, pues nada: "probaremos suerte en la del Niño". Y así hasta el infinito. 
En fin, este tema es tan controvertido como interesante y lo dejaré para el siguiente post con el fin de no salirme mucho del asunto que hoy nos ocupa: el acto de regalar.


Al igual que en cumpleaños o fechas determinadas por los comercios, en Navidad parece que hay que regalar por decreto. Normalmente, acabamos corriendo, en el último momento esperando estar inspirados para acertar. Lo que suele ocurrir es que ese día no encontramos lo que estamos buscando.
En cambio, hay otras ocasiones en que vemos algo que alguien cercano a nosotros necesita pero no es la "fecha requerida"...¿por qué no sorprender a las personas que nos importan con un regalo a destiempo? Parece absurdo que el cariño tenga que demostrarse en días prefijados. de hecho puede ser la excusa perfecta para alegrarle el día a quienes queremos. El gesto de regalar de este modo tiene valor por su espontaneidad, por la sinceridad con que se hace, porque demuestra que tenemos presente a esa persona. Y todos sabemos que no hacen falta los regalos caros ni grandes. Basta con interesarse por conocer al otro, observar e intuir.

Ya sabemos que recibimos lo que damos, es una Ley universal y todo el que entrega con Verdad sabe que el acto de generosidad es más satisfactorio para el que lo ofrecen que para el que lo recibe. Pensar en los demás nos engrandece, ayuda a estrechar lazos con nuestra gente y nos hace menos egoistas y más nobles.





Contadnos vuestras experiencias, ¿no habéis disfrutado más buscando y entregando un regalo que recibiéndolo? ¿Cual es el regalo que más os ha llegado al corazón?
Gracias por esperarnos y seguirnos, es muy alentador saber que hay personas a las que les gusta leer este humilde blog.

Os dejo dos vídeos ilustrativos del tema de hoy:
- la canción de Drexler "Todo se transforma", escuchad bien su letra: Todo se transforma
- el monólogo de Miki Nadal sobre lo polémico de algunos regalos... Los regalos
 
 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Vencer el miedo, ayúdate con la respiración

Dejamos de temer aquello que hemos aprendido a entender
Marie Curie


¿Quién no siente o ha sentido alguna vez miedo? Esa sensación ancestral y necesaria que nos salvaba la vida y que puede convertirse en una patología. El miedo es imprescindible para vivir, lo fue para nuestros antepasados y lo sigue siendo porque nos alerta del peligro. La diferencia está en que en nuestra civilización occidental del bienesar, vemos el peligro en todas partes, incluso donde no lo hay.
 
Ahí es donde el miedo se convierte en enfermedad, nos bloquea, nos derrumba, interfiere en nuestra vida normal y acabamos por boicotearnos.
El primer paso para superar un miedo es reconocerlo y respetarlo. Por algo está y se manifiesta. Conviene observar y explorar porque está queriendo decirnos algo.
Una vez que reconocemos y sopesamos el obstáculo, hay que averiguar cómo enfentarse a él. Si por ejemplo nos entran palpitaciones y sensación de ahogo al entrar en un espacio cerrado, podemos hacer unos ejercicios de respiración y relajación antes de entrar en un edificio. Para esto se requiere una introspección previa, un "darse cuenta" que abre nuestra conciencia y nos va guiando por nuevos caminos.
 
 
 
Una herramienta clave para mitigar los efectos del miedo es la respiración, esa conexión con la vida...si logramos controlarla y focalizar nuestra atención hacia ella, lograremos un cambio en los niveles químicos de adrenalina y catecolaminas que activan el estrés y la ansiedad. Esto producirá una modificación en nuestra reacción, en vez de descontrolarnos y dejarnos llevar por la emoción negativa, la respiración nos devuelve las riendas de la situación, otorga tiempo y espacio para pensar con claridad.
Si los habeis vivido, recordareis que los episodios de pánico y los ataques de ansiedad vienen asociados a una respiración rápida y entrecortada, por lo que, al imponer con el autocontrol un ritmo más lento, desactivamos (al menos en intensidad) la señal de alerta  química que desata todo el proceso.
 
 

 
 
El miedo es una reacción básica de autoprotección común a todo ser humano y animal. No debemos avergonzarnos de sentirlo. Un buen modo de enfrentarse también es observar atentamente todos los síntomas que nos invaden pero sin dejarse llevar por el pánico. Sé que resulta más fácil decirlo que hacerlo, pero todos en algún momento hemos resuelto casi intuitivamente una situación de terror: en la infancia, ante nuevos retos, ante una enfermedad, teniendo que hablar en público o al subir a un avión.
Debemos aceptar y comprender nuestros miedos para poder superarlos.
 
 
 
 
 
Os dejo de regalito este tema de Rosana que hay que escuchar bien y sobre todo aplicarse a esa actitud que dejamos en la niñez de vivir día tras día, disfrutando de cada paso y afrontando cada escollo. Con la máxima siempre de "confiar, esperar, aceptar y agradecer".
"Sin miedo las manos se nos llenan de deseos, que no son imposibles ni están lejos" (Rosana)

lunes, 8 de octubre de 2012

Los peligros de la "hiperconexión"

Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo sólo tendra una generacion de idiotas.
Albert Einstein


El asunto de internet y las redes sociales está preocupando cada vez más y más pronto a muchos padres. Los niños demandan cada vez antes un móvil o una cuenta de correo para poder chatear con sus amigos.
La gran cuestión para muchos es qué hacer, si resistirse a la tendencia generalizada o mantenerse firme en lo que considera mejor. De entrada va a depender mucho de las circunstancias: padres separados, niños que van y vuelven solos del cole, etc. Eso sólo puede calibrarlo cada padre y/o madre.
Hay padres que justifican su tolerancia a que tengan móviles (o cuentas en redes sociales) con 10 o 12 años porque sino, van a ser unos desadaptados a los que los demás van a apartar...bueno, nuestra infancia está cargada de momentos en los que algunos tenían cosas que nosotros no y viceversa. Sinceramente, no creo que nada de eso traumatice a los niños. Lo que sí es importante es que sepan vivir con tolerancia la frusración de no tener siempre lo que quieren en el momento que lo quieren. No pasa nada, esto es un aprendizaje para la vida.
Por otro lado, si finalmente llegamos a la conclusión de que es "necesario" (lo escribo entrecomillado porque todos sabemos qué es lo realmente NECESARIO, pero en fin), es bueno que se hagan responsables, que les enseñemos el uso racional de esas herramientas, que les mostremos el camino de la privacidad y la importancia de la misma. Que no se sobreexpongan innecesariamente y, sobre todo, que no pierdan el norte de su vida por estar permanente conectados con otros. Lamentablemente, en los ejemplos que vais a ver más abajo, muchos niños y jóvenes (y muchísimos adultos) no disfrutan del momento presente, sea el que sea, porque están constantemente conectados a una pantalla, contando dónde están, qué hacen, con quién...pero no VIVIÉNDOLO realmente. En algunos casos se está perdiendo el respeto por el interlocutor que tenemos enfrente, al que ignoramos en pos de un dispositivo que nos conecta con los 500 amigos que parece que hay que tener para ser una persona de éxito. ¿No os parece todo muy loco? ¿No creeis que está en nuestra mano también educar en este ámbito para que ni nosotros ni futuras generaciones caigamos en esta patología hipercomunicativa?

Aquí os dejo esta reflexión que me gustó mucho de Emma González-Baizan al respecto:

"Las generaciones venideras padecerán Conectividad Morbida, pues para su estatura acumularan sobrepeso de megas (y eso no se arregla haciendo deporte con la Wii). Los niños han de aprender a cantar antes de tener un iPod, leer mil cuentos antes que tener una biblioteca en iTunes.
Deberíamos enseñarles a nadar, y después ya navegaran por internet. Y aprender a mirar a la gente a la cara, en vez ver de perfiles en facebook.
Sería conveniente que pasaran la varicela, antes de que su ordenador coja un virus. Y aprender el nombre de todos los animales, previo al manejo del ratón. Tienen que tener dientes para morder una manzana,antes que cualquier producto de Apple.
Los niños deberían disfrutar de la infancia antes de crecer."
 



¿Ha llegado ese día que anunció Einstein?


Una taza de café


 




Charlando en el restaurante





Disfrutando LA BELLEZA del Museo




Encuentro agradable en la cafetería





gozando un dia de playa





En el estadio..apoyando su equipo




Divirtiéndose con la novia



Disfrutando la ciudad en el descapotable


 




Que pena da, ¿verdad? Resulta patético y raro, desde luego es dificil acostumbrarse a ver que las personas que están juntas no se miran a los ojos...¿qué forma de relacionarse es esta en la que nos importa más lo ausente o contar lo que estamos haciendo que disfrutar de la compañía y de la vida?
Me encantaría conocer vuestra opinión y leer vuestros comentarios y reflexiones al respecto.

Os dejo dos videos, el primero es cortito pero contundente y necesario:
Si no lo haces en tu vida normal, ¿por qué lo haces en internet?

Este corto que ya ha sido premiado habla de los peligros y susceptibilidades del whatsapp:
Whatsapp doble check